Viajando con FIDEL

FIDEL NADAL presentó una vez más su “Trabajo de Hormiga”, el último viernes ante un Niceto Club completo. Acá una muestra más de los poderes que puede ejercer la música sobre el ser humano.
Hace dos veranos atrás, un grupo de chicos y no tan chicos -la mayoría de ellos artesanos- que provenían de distintas partes del planisferio, por esas casualidades del destino fueron a parar a Cafayate, un pueblo cercano a la capital de Salta.
Muchos se conocían de haber estado tirando el paño a lo largo de todo el país durante años; otros se habían encontrado sólo hace días, pero la unión que se respiraba en ese aire norteño desmentía esta verdad.
El bicho raro que andaba por ahí, que generaba más preguntas que respuestas era un fornido francés, adicto a cualquier tipo de bebida blanca y muy simpático a la hora de comunicarse, que escapaba de la justicia de aquel país por algunos problemitas con el fisco que nunca fueron develados por completo ya que era poco relevante el pasado personal de cada uno en ese espacio.
Otro de los protagonistas de esta historia es un enano rosarino que había partido a los 15 a dar vueltas por la Argentina, vendiendo lo que podía para seguir viajando, escapando siempre de algo que no sabía que era, y que coleccionaba amistades de ruta, amistades que al enterarse de su nuevo proyecto en el norte caían todos los días a visitarlo y a compartir unos días con él.
Completaban el grupo distintos tipos de personajes de reparto, pero de esos que te hacen irte del cine hablando de sus genialidades, de los que no pasan desapercibidos.
Entre los protagonistas y toda la troupe montaron una especie de parador en un quincho que quedaba en el fondo de un camping. La idea era pasar reggae hasta las últimas horas, tocar los tambores, hacer artesanías, y que cada uno que caiga a la fogata pudiera mostrar lo suyo.
Los pibes se deslomaban laburando, cocinando, dándole al alicate y a los hilos de acero para despuntar el vicio, armando las ensaladas de fruta para salir a vender, arreglando todo para recibir a los mochileros que buscaban un lugar para tomarse unas cervezas mientras escuchaban a MARLEY, a TOSH o a CHAO.
Pero los problemas empezaron de temprano ya que al dueño del camping, luego de cobrarles el alquiler por toda la temporada, le surgieron los aires fachistoides y de la mano de sus amigos de azul –que son iguales a lo largo y ancho del país- empezaron a meter palos en la rueda.
Las caras iban y venían. Se debatían entre la felicidad de algún amor intenso de verano, unos minutos de alegría disfrutando del proyecto y de la esperanza que éste les despertaba, a las pálidas de recibir inspecciones inesperadas o quejas insólitas por parte del matón que quería imponerse a costa de apretadas policíacas para que dejen el lugar, para que se vayan “con la música a otra parte”.
Cuando todo estaba mal, cuando las amenazas volvían a repetirse, las miradas se perdían en el vacío, el silencio cortaba los 30 y pico de temperatura y las ganas estaban por el suelo, nacía una ráfaga de energía desde la voz de los hermanos NADAL.
Sin preguntar, sin pensarlo, de manera azarosa, una vez el enano, otra el francés, la petisa o el marino, cualquiera se acercaba hasta el equipo de música a poner “Acá estamos” de LUMUMBA, que era la dosis perfecta para que todos se paren y saquen esa fuerza que existe adentro de cada uno y que las ganas de hacer lo que les parece fuera escuchada y respetada por todos.
“Aca estamos y no nos vamos / no digas que tenemos que callarnos / y esta vez vas a escuchar / a los que no podíamos hablar / Tu justicia ciega no sirve para nada / sin amor no se puede crecer / y los que esperamos ya nos cansamos / de lo mismo una, una y otra vez” era el grito de AMILCAR y FIDEL NADAL el último viernes en NICETO, como lo era el de aquellos pibes en Cafayate hace unos años, y volar se me hizo muy fácil.
La fuerza que puede tener una canción para trasladar a una persona a un hecho o a un recuerdo de otra persona es quizás la mejor parte de este asunto en el que todos estamos inmersos.
Gritar con los ojos cerrados, sin importar las miradas ajenas. Abrir los brazos y flotar, alcanzar ese cielo y apretarlo con los brazos contra el pecho. Trasladarse y sentir con todo el cuerpo que eso es verdad hoy y acá.
Embanderando el lugar con banderas etíopes, FIDEL NADAL mostró todas sus nuevas rimas urbanorastas de “Trabajo de hormiga” y su público lo acompañó bailando a su ritmo por más de dos horas.
“Cantando” –y saltando y bailando-, “Nena no llores” –un reggaeton pegadizo- y “Los rastreros” –factura a TTM- son algunas de las composiciones que entregó este icono del rock mestizo para recibir el silbido aprobatorio de toda la masa.
Con su característica manera de escupir los versos en métrica punk, brindó grandes momentos en una noche cargada de simbolismos rastafaris y guiños a Haile Selassie, principal luchador contra la esclavitud etíope y figura admirada por todo rasta.
Pero todo aquello quedaría en segundo plano cuando subió su hermano AMILCAR para hacer aquel tema que ocupó por completo esta nota y mi viernes por la noche.
Desde la fuerza que le imprimen, la música y el mensaje por sobre todo, “Acá estamos” me pegó un voleo en el orto de esos que se disfrutan y desde acá van las gracias para los NADAL: ¡IRIE!
Aclaración: IRIE: Bienestar; sentimiento placentero de unidad con Jah y la Iration. Estar libre de las tensiones del sistema de Babylon. Lograr un estado de conexión entre Yo y Yo a través de la Itación. Saludo Cordial entre hermanos Rastas.
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